domingo, 5 de abril de 2015

Evangelio del Lunes 6 de Abril de 2015, Octava de Pascua, según San Mateo 28,8-15.

En aquel tiempo las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. 
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán". 
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. 
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, 
con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'. 
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo". 
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. 

Comentario del Evangelio por San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor 
de la Iglesia.  Homilías sobre los evangelios, 26, 2-6
“Id en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis.” (Mt 28,7)

    Con una clara intención se dijo: “Los precede a Galilea; allí lo veréis.” Galilea quiere decir: final del cautiverio. El redentor ya había pasado de la pasión a la resurrección, de la muerte a la vida, del castigo a la gloria, de la corrupción a la incorruptibilidad. Pero si los discípulos, después de la resurrección lo ven primero en Galilea, nosotros lo contemplamos en la alegría, en la gloria de su resurrección cuando abandonamos nuestros vicios para subir a las cimas de la virtud. Hay un camino a hacer: la noticia se da cerca del sepulcro, pero Cristo se deja ver en otra parte...

    Había dos caminos: nosotros conocemos uno y no el otro. Había una vida mortal y una inmortal, una corruptible y otra incorruptible, un camino de muerte y otro de resurrección. Vino el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesús (1 Tim 2,5) tomó sobre si la primera vida y nos reveló la segunda, perdió una vida muriendo y nos reveló la segunda resucitando. Si nos hubiera prometido a nosotros que conocemos la vida mortal una resurrección de la carne sin darnos una prueba palpable ¿quién hubiera prestado fe a sus promesas?

Evangelio del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, 5 de Abril de 2015 según San Juan 20,1-9.

En aquel tiempo, el primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". 
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, 
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. 


Comentario del Evangelio por  San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo 
Sermón 53 sobre el salmo 117 ; PL 57, 361
«Este es el día de alegría y de gozo»

     «Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sl 117, 24). No es por casualidad, hermanos míos, que hoy leemos este salmo en el que el profeta nos invita a la alegría y al gozo, en el que el santo David invita a toda la creación a celebrar este día; porque la resurrección de Cristo ha abierto el abismo en el que se encontraban los muertos, los recién bautizados de la Iglesia han rejuvenecido la tierra, el Espíritu Santo ha mostrado el cielo. Los infiernos, una vez abiertos, han devuelto a los muertos; la tierra rejuvenecida hace surgir a los resucitados; y el cielo con toda su grandeza se abre para acoger a los que suben hacia él.  

     El ladrón ha subido al  paraíso (Lc 23,43); los cuerpos de los santos entran en la ciudad santa (Mt 27,53)... Por la resurrección de Cristo, todos los elementos, como por impulso, se levantan a las alturas. El infierno retorna a los ángeles que guardaba cautivos, la tierra manda al cielo a los que estaban cubiertos por ella, el cielo presenta al Señor a los que él ha acogido... La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Es así que el gran David invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo y la incita a exultar de gozo y de alegría en este día que ha hecho el Señor.

     Pero diréis..., el cielo y el infierno no han sido creados para el día de este mundo; a estos elementos ¿se les puede pedir celebrar un día que se les escapa totalmente? ¡Es que este día que ha hecho el Señor todo lo penetra, todo lo contiene, abraza conjuntamente el cielo, la tierra y el infierno! La luz que es Cristo no ha podido ser frenada por los muros, ni rota por los elementos, ni ensombrecida por las tinieblas. La luz de Cristo es verdaderamente un día sin noche, un día sin fin. Resplandece por todas partes, brilla por todas partes, permanece en todas partes.

Evangelio del Sábado Santo - Domingo de Pascua: Vigilia Pascual, 4 de Abril de 2015, según San Marcos 16,1-8.

"En aquel tiempo, pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. 
A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. 
Y decían entre ellas: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?". 
Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. 
Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, 
pero él les dijo: "No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. 
Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho". 
Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo". 


Comentario del Evangelio por   San Cromacio de Aquileya (?- 407), obispo.   
Sermón 17, segundo para la Noche de Pascua; SC 154  
"Hago el universo nuevo" (Ap 21,5)          

El mundo entero, que celebra la vigilia pascual a lo largo de esta noche,  testimonia la grandeza y la solemnidad de esta noche. Y con razón: en esta noche  la muerte ha sido vencida, la Vida está viva, Cristo ha resucitado de entre los  muertos. Antaño Moisés había dicho al pueblo, a propósito de esta Vida: "Sentirás  que tu vida estará pendiente de un hilo, temblarás día y noche» (Dt 28,66 tipos de  Vulg)... Se trata allí de Cristo Señor, él mismo nos lo muestra en el Evangelio  cuando dice: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6). 
Se llama camino,  porque conduce al Padre; verdad, porque condena la mentira; y vida, porque  manda sobre la muerte: "¿Muerte, dónde está tu aguijón? ¿Muerte, dónde está tu  victoria?"(1Co 15,55) Porque la muerte, que hasta ahora había vencido siempre, ha  sido derrotada por la muerte de su vencedor. La Vida aceptó morir para derrotar a  la muerte. Lo mismo que al amanecer las tinieblas desaparecen, así la muerte ha  sido aniquilada cuando se levantó la Vida eterna...          

He aquí pues el tiempo de Pascua. Antaño, Moisés habló al pueblo diciendo:  "Este mes será para vosotros el primer mes del año" (Ex 12,2)... El primer mes del  año no es pues el del enero, donde todo estaba muerto, sino el tiempo de Pascua, dónde todo vuelve a la vida. Porque es ahora cuando la hierba de los prados, en  cierto modo, resucita de la muerte, ahora que hay flores en los árboles, y que las  vides brotan, ahora que el aire mismo parece feliz como si empezara un nuevo  año... Este tiempo de Pascua es pues el primer mes, el tiempo nuevo, y en este día  el género humano también es renovado. Porque hoy, en el mundo entero, pueblos  innumerables resucitan por el agua del bautismo a una vida nueva...          

Nosotros pues, que creemos que el tiempo de Pascua es verdaderamente el  año nuevo, debemos celebrar este día santo con gran felicidad, gozo, y alegría  espiritual, con el fin de poder decir en toda verdad este estribillo del salmo: "Este  es el día en que actuó el Señor; vivámoslo con alegría y gozo" (117,24). 

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